6/26/2015

Conferencia dada en La Sociedad Argentina de Escritores 24-6 "Emma de la Barra y un primer best seller argentino"

 Con las organizadoras del ciclo Marta de París: Graciela Bucci y Paula Mones Ruiz




UN PRIMER BEST SELLER ARGENTINO
EMMA DE LA BARRA 

 1905. Sobre las calles empedradas de la ciudad de Buenos Aires circulan los vendedores ambulantes gritando su mercancía y la policía montada se pasea haciendo su guardia. En los carruajes damas y caballeros distinguidos pasan haciendo sonar los cascos de los caballos de tiro.
A la hora del paseo por los bosques de Palermo las bellísimas niñas y señoras porteñas suben a sus coches vestidas con sus mejores trajes confeccionados a la moda de París y los caballeros discuten acalorados de política aunque luego se manipulen los votos. Dos de cada tres habitantes de la ciudad son inmigrantes recién llegados “para hacer la América” y despreciados por los criollos. Manuel Quintana es el presidente.
Es  el momento en que aparece“Stella”, una novela de tono rosa y contenidos románticos que sigue los cánones literarios de la época, sin mención de autor y se convierte rápidamente en un éxito. Su primera edición se agota en tres días y  deben hacerse nuevas ediciones (en total serán nueve), esta vez bajo el seudónimo de César Duayen. Tal es el éxito que un librero de la calle Florida debe emplear una persona para que se dedique con exclusividad a la venta del libro. El doctor y escritor Bartolomé Mitre adquiere diez ejemplares.
En ese entonces el periodista Julio Llanos organiza un concurso que premiará a quien devele la verdadera identidad  de César Duayen. Un colega de “El Diario”, Manuel Láinez, responde a esta incógnita: "Corresponde a una bellísima dama, la señora Emma de la Barra".
Hoy todos nosotros sabemos qué es un best-seller, pero ¿lo sabían entonces los habitantes de Buenos Aires?
La obra, fue traducida a varios idiomas y prologada por Edmundo de Amicis, hasta 1932 “Stella” vende en el país y en el exterior 300.000 ejemplares, a los que habría que sumar las ventas posteriores, ya que hasta la década del 40 sigue editándose con regularidad, sin olvidar que en la actualidad hubo una nueva reedición hecha por la editorial Buena Vista en 2011.
Narradora, traductora, colaboradora en revistas de su época, Emma de la Barra nació en Rosario en 1861, en la época de Nicolás Avellaneda, y falleció en Buenos Aires el 5 de abril de 1947.
Criada en el seno del matrimonio formado por Federico de la Barra, un reputado político y periodista, miembro del Congreso de la Confederación Argentina, y Emilia González Funes, procedente de la alta sociedad cordobesa, su padre solía organizar en su propia residencia de Rosario, animadas tertulias en las que participaban los personajes eminentes de la época.
Influida por el medio, la pequeña Emma se interesó por el Arte y comenzó a estudiar música y pintura, actividades en las que continuó demostrando su talento cuando, aún en plena infancia, se trasladó con toda su familia a Buenos Aires donde amplió sus conocimientos en otras materias por medio de la enseñanza de preceptores particulares.
Siendo adolescente, comienza a asistir a reuniones literarias pero también a mitines obreros. Igual, como a todas las de su clase, la casan con el hermano de su padre, Juan de la Barra, quien la dobla en edad y la redobla en fortuna pero la apoya en cualquiera de sus tareas. Emma prosigue con sus actividades socio-culturales y ofrece conciertos de piano y canto. Durante esos días es cuando descubre su vocación de escritora.
 De la Barra fue celebrada por diversos autores de la época, como Gabriela Mistral, quien le dedica el poema “La oración de la maestra”.  Fundadora y presidenta de la Sociedad Musical Santa Cecilia, de la primera Escuela Profesional de Mujeres, cofundadora junto a Elisa Funes de Juarez Celman de la Cruz Roja Argentina, ya viuda es mujer de empresa y dueña de una muy considerable fortuna que resuelve invertir en la fundación de una ciudadela en el centro de la localidad de Tolosa, próxima a la ciudad capital de La Plata, aún en proyecto fundacional. Serían 216 casas de techo bajo, tres habitaciones, un patio en común con aljibe de estilo colonial. El drama para la fundadora fue que el doctor Dardo Rocha en 1882  se le adelanta con la fundación de la ciudad de La Plata y el ingeniero Otto Krause apresura el evento de unos palacios y parques deslumbrantes, y “las mil casas” como ella las llamaba, estaban aún a medio construir. Cuando el pelotón de inmigrantes llegó para trabajar en las edificaciones platenses, se desparraman en conventillos y sitios vecinos al centro, que era su lugar de trabajo. En 1887 cuando se terminan, las casitas son alquiladas a obreros del Molino La Rosa. Con el tiempo, por falta de mantenimiento, el viento se las llevó dejando ahí un tugurio de okupas y a Emma en la ruina. En ese tiempo contrae enlace con el periodista Julio Llanos.
Llegada la Primera Guerra Mundial, Llanos ocupó su pluma haciendo crónicas desde Europa para el diario La Nación, aunque se comentaba que no siempre estaban escritas por él; Emma, firmando directamente “Julio Llanos” solía hacerse cargo de los textos.
Por entonces la casa editorial barcelonesa Maucci, que había publicado “Stella”, le adelantó a su autora $ 6.000 por una primera tirada de 5.000 ejemplares de su siguiente novela “Mecha Iturbe”, un caso sin precedentes en nuestra literatura, no sólo porque lo máximo que se había pagado antes a un escritor fueron $2.000 a Florencio Sánchez, sino por el cuantiosos número de ejemplares de la tirada.
En 1943 se realiza la película basada en “Stella, con dirección de Benito Perojo y guión de Ulyses Petit de Murat, el filme llegó a la fama de la pantalla grande nada menos que protagonizada por la célebre actriz Zully Moreno.
  “La trayectoria de Emma de la Barra es significativa para nuestra historia literaria, no sólo porque escribió un libro con valores destacables, sino porque consiguió subyugar a un público amplio y exigente. El hecho de ser mujer agrega al fenómeno producido con “Stella” un ingrediente sugestivo, dadas las luchas que en aquel tiempo comenzaban a liberarse en pos de los derechos civiles y políticos” Sosa de Newton, Lily, Stella, César Duayen, un best-seller de 1905
¿Cuáles son las cualidades que produjeron el triunfo rotundo de “Stella”, que según lo define la propia autora fue escrita con el fin de presentar una típica familia porteña aristocrática de sus días?
Al iniciarse el siglo hay en Buenos Aires tres clases sociales netamente definidas: en la base de la pirámide está la clase baja compuesta por obreros, proletarios, vendedores callejeros, pequeños comerciantes, organilleros; el viejo pueblo criollo al que se ha sumado una nueva oleada de inmigrantes  malviviendo en los conventillos del Centro y las casas de chapa de la Boca. Un poco por encima surge la reciente clase media nacida de la clase baja, que ha ascendido gracias a la escuela pública, llegando muchos de sus integrantes a obtener títulos universitarios. Pero hay un tercer estrato que ocupa la parte más alta, elitista, cerrado a las clases anteriores, que habita las grandes mansiones de Buenos Aires y está compuesto por estancieros y terratenientes. Son los abonados a la Ópera y más tarde al teatro Colón, concurrentes asiduos del Jockey Club, el Club del Progreso y el Círculo de Armas, los que aparecen en las crónicas sociales de los diarios. Ésta es la clase a la que pertenece Emma de la Barra y la que ella retrata en su novela anticipándose en el tiempo a la temática del escritor Manuel Mujica Lainez, su propia clase social observada y diseccionada empleando un realismo suavizado en los elementos “feos” que se  destiñen dentro de un marco lujoso donde afloran las pasiones y la hipocresía. Y esa tercera clase corre a comprar la novela que la retrata mientras la clase media lo hace para fisgonear un ambiente al que desearía pertenecer. 
“Stella” no es novela definitivamente realista. No tiene ningún parentesco con el realismo galdosiano o zoliano, entonces en boga. No es tampoco, sensu strictu, novela romántica, de romanticismo 1830. No está impregnada de "mal del siglo", ni sacudida por el energumenismo pasional"0
 Bonet, Carmelo M., Pespuntes críticos,
Cristina Piña en el prólogo de una reciente edición de “Stella”2011 escribe:
Resulta una novela fascinante para el lector de hoy que, además, con más de un siglo de distancia histórica, también puede percibir la sutil articulación que hace la autora entre la situación del país en pleno período de modernización y lleno de dudas frente a un proceso cuyos alcances no distingue con claridad (…)  y las relaciones entre hombre y mujer, también en un proceso de modificación vertiginoso”
Las protagonistas de la narración son dos jóvenes escandinavas llegadas a Buenos Aires, cuyo padre acaba de morir, Alejandra y su hermana Stella. Afectada por una grave invalidez en las piernas, Stella, compromete a la primera a hacerse cargo de ella y a ambas a buscar protección en casa del tío materno.
De la Barra hace decir a Alejandra, como adelantando la voz de otras mujeres que vendrán:

Una persona del género femenino tiene derecho a saber algo más que Colón descubrió América, tocar piano, cantar, coser y bordar en seda china.”
Y la muestra armando su biblioteca con libros austeros que leen los hombres. El círculo de sus amistades la apodará “Alex”, masculinizándole el nombre.
De la Barra recurre además a un interesante procedimiento narrativo para presentar a ambas hermanas: una carta que Gustavo Fussler, padre de las jóvenes, escribe al tío materno de las dos muchachas, encomendándole que cuide de ellas. De este modo, Alex y Stella se integran en la sociedad porteña.
Repetimos que no se puede dejar de destacar además la rica, lúcida, completa y compleja pintura de costumbres que nos presenta “Stella”, que colabora junto al argumento con el éxito arrollador que tuvo. El hipódromo de Palermo, las grandes fiestas donde los miembros de la sociedad despliegan y derrochan lujo, están narrados no con gran estilo, pero sí con fuerza y conocimiento. 
La sociedad porteña sin duda se vio reflejada en ella, descripta por la mirada distante de la extranjera, lugar en el que se ubica la narradora protagonista.
Capítulo II (frag.)
Hasta hace algún, tiempo la parte norte de Buenos Aires
concluía en la plaza San Martín. De allí a Palermo —el Bois—,un largo intervalo despoblado donde hoy se levanta la ciudad nueva, linda, alegre, suntuosa.
Una doble cadena de construcciones, hermosas sin carácter, extiéndese a un lado y a otro, entra al gran paseo, el cual, abrochándose a ella como un inmenso eslabón la deja prolongarse hasta Belgrano...


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