8/07/2015

de "Diario de la lluvia" (en edición) María Amelia Diaz

Como un brebaje oscuro
la tarde se derrama sobre el jardín del fondo de la casa,
ya no hay sino el agua que restalla su látigo de lonjas turbias
para castigar las espaldas de la tierra.
Los pobres lirios que hoy entreabrieron su vestido azul,
deseosos de asistir a la fiesta del día
donde se alzarían como monjes de zafiro vueltos hacia el cielo,
se ofrecen al sacrificio si emitir un grito.

En el silencio de la tarde
ya no hay sino lo oscuro,
y la lluvia,
que ahora travestida en granizo

clava en los pétalos azules de los lirios sus temibles uñas de hielo.

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